La monja Mónica Astorga y su lucha por los derechos de las mujeres trans en Neuquén
Mónica Astorga, exmonja carmelita descalza de Neuquén, ha sido una figura clave en la creación de espacios seguros para mujeres trans. Su labor, que abarca casi dos décadas, incluye la fundación de un complejo de viviendas y varios centros de apoyo.

Mónica Astorga, exmonja carmelita descalza, ha dedicado más de veinte años a la defensa y apoyo de mujeres trans en Neuquén, Argentina. Su compromiso comenzó tras escuchar a Katy, una joven trans que solicitó “una cama limpia para morir” en un contexto de grave vulnerabilidad social. Esta frase impulsó a Astorga a actuar, lo que resultó en la creación de espacios de encuentro y oportunidades para esta comunidad.
En 2020, se inauguró un complejo de viviendas para mujeres trans en Neuquén, el primero de su tipo en el país, que incluye doce monoambientes con accesorios básicos, garantizando privacidad y dignidad. Además, Astorga estableció talleres de costura y peluquería, así como un centro de atención de adicciones, proporcionando recursos y habilidades que permiten a estas mujeres encontrar independencia y seguridad.
La vida de Mónica Astorga está marcada por su infancia en Rauch, una pequeña localidad bonaerense, donde enfrentó la separación de sus padres desde muy joven. Su conexión con la fe se expresó a través de largas horas en la iglesia, un refugio que le ofrecía consuelo. A los quince años, se trasladó a Buenos Aires, donde las expectativas fueron rápidamente decepcionadas, ya que se convirtió en la asistente de su tía, trabajando para cubrir su alojamiento y estudios.
Astorga decidió dejar la vida religiosa para enfocarse en una labor social que considera vital. Su experiencia personal la llevó a entender las dificultades que enfrentan las mujeres trans, que son frecuentemente víctimas de violencia y discriminación. Esta vivencia le permitió establecer un vínculo confiable y respetuoso con sus comunidades, y fomentar un ambiente de aceptación y apoyo.
La labor de Mónica es un testimonio de resiliencia y voluntad, además de un llamado a la comunidad para reconocer y valorar la diversidad de género. A lo largo de los años, ha transformado no solo las vidas de muchas mujeres, sino también la percepción social sobre la identidad de género en la región.
La búsqueda de soluciones habitacionales y de inclusión social para las mujeres trans continúa, con Astorga a la cabeza de este cambio cultural. Su trabajo ha resonado incluso más allá de Neuquén, generando un diálogo sobre los derechos de las personas trans en todo el país. A medida que avanza, su historia es una invitación a reflexionar sobre la equidad y los derechos humanos, a la vez que siguen surgiendo nuevos desafíos en el ámbito social y político.
El futuro de esta lucha depende de la colaboración entre comunidades y autoridades, así como de la capacidad de seguir luchando por una sociedad más justa e inclusiva.