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La pobreza en Argentina: un desafío persistente

Recientes datos del Indec destacan que la pobreza en Argentina afecta a 9,6 millones de personas. Este fenómeno, con raíces estructurales, plantea desafíos que van más allá de las cifras.

Por Leonardo Herreros5 min de lectura
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La pobreza en Argentina: un desafío persistente

El más reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) mostró que durante el primer semestre del año, aproximadamente 9,6 millones de argentinos se encuentran bajo la línea de pobreza, lo que representa un alarmante 32,3% de la población. En comparación con el cierre de 2025, esto implica un aumento de dos millones de personas en esta condición. Además, se registraron 2,2 millones de individuos en situación de indigencia, es decir, un 7,5% de la población total. Esta situación pone nuevamente en evidencia la dificultad que enfrenta el país para eliminar la pobreza de forma sostenible.

El Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) complementa esta radiografía social, al señalar que la disminución de la pobreza observada en años anteriores parece haberse estancado y volver a aumentar. Si bien reconoce que ha habido cierta reducción de la pobreza, cuestiona la efectividad y el alcance de estas mejoras, sugiriendo que las fluctuaciones en los índices de pobreza dependen en gran medida de variables macroeconómicas como la inflación y el empleo.

Desde el ODSA se introduce el concepto de “piso estructural” de pobreza, caracterizado como un núcleo persistente que no se ve afectado de manera significativa por reformas temporales. Este problema se manifiesta a través del empleo informal, la baja calidad educativa y una deficiente situación habitacional, dificultades que, sumadas a la escasa capacidad de la economía para generar empleos de calidad, conforman un contexto de privaciones multidimensionales.

La educación es un factor clave que contribuye a la perpetuación de la pobreza en el país. Datos del programa PISA indican que solo el 40% de los jóvenes argentinos de 15 años alcanzan un nivel mínimo de comprensión lectora, lo cual limita seriamente sus oportunidades laborales futuras y, por ende, su movilidad social. Este fenómeno sugiere que la pobreza puede trascender generaciones, ya que quienes no logran adquirir habilidades adecuadas suelen enfrentarse a limitaciones permanentes en su vida laboral.

El problema de la pobreza no es exclusivo de Argentina, pues existe un consenso global sobre la importancia de ofrecer acceso equitativo a educación de calidad, tal como señala el Papa Francisco en sus recientes discursos, en los que ubica la educación al mismo nivel que otras necesidades básicas como la alimentación o la vivienda.

Históricamente, el país ha oscilado entre políticas de expansión del gasto social y medidas de ajuste, lo que ha llevado a que ningún gobierno logre implementar transformaciones estructurales relevantes. La informalidad y las brechas educativas se han mantenido a pesar de los cambios políticos, debido a que las urgencias inmediatas han relegado las soluciones a largo plazo. Por lo tanto, la premisa de un desarrollo sostenible en la lucha contra la pobreza requerirá un enfoque integral y sostenido por parte del gobierno actual y de futuras administraciones.

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