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La siesta y su impacto en la salud cognitiva: duración ideal y beneficios

Dormir una siesta corta puede potenciar la memoria y la atención, aunque su duración y el momento del día son fundamentales para obtener estos beneficios. Especialistas señalan que la siesta no reemplaza al sueño nocturno, pero sí actúa como un complemento importante para la salud cognitiva.

Por Fernando Mongelós4 min de lectura
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La siesta y su impacto en la salud cognitiva: duración ideal y beneficios

La práctica de dormir siestas breves ha sido objeto de estudio en los últimos años, revelando su impacto positivo en la memoria, atención y bienestar emocional. Investigadores, como la Doctora Sara Mednick de la Universidad de California en Irvine, destacan que los beneficios cognitivos de una siesta corta son comparables a los de una noche de sueño completa. Estos efectos se traducen en una mejor capacidad de recordar información verbal y espacial, así como en una mayor creatividad.

Según Mednick, el descanso diurno debe considerarse como un complemento al sueño nocturno —no como un sustituto—, lo que ayuda a aclarar las diferencias en la evidencia científica acerca de su efectividad. En este sentido, realizar siestas de entre 10 y 30 minutos evita entrar en las fases profundas del sueño, lo que es crucial para mantener la agilidad mental sin afectar el descanso nocturno.

Durante estas siestas cortas, el cerebro disminuye la adenosina, un neurotransmisor relacionado con la fatiga. Raj Dasgupta, especialista en medicina del sueño, subraya que una siesta bien programada actúa como una pausa que permite al cerebro reorganizarse y mejorar la concentración para el resto del día. Existen estudios que refuerzan esta idea al indicar que períodos cortos de sueño ayudan a facilitar la codificación de nueva información en el cerebro.

Sin embargo, no todas las siestas son beneficiosas. Investigaciones han demostrado que dormir más de 30 minutos puede asociarse con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Un metaanálisis que incluyó a más de 1,8 millones de personas advirtió sobre estos riesgos, sugiriendo que limitar la duración de la siesta es fundamental.

La Sleep Foundation recomienda que la duración óptima de una siesta para adultos no exceda los 20-30 minutos y que se lleve a cabo al menos ocho horas antes de acostarse. Esto implica, en la práctica, evitar las siestas después de las 3 de la tarde para no interferir con el sueño nocturno.

Adicionalmente, una revisión que analizó los efectos de las siestas en la salud concluyó que las de más de 60 minutos elevan significativamente el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes. Limitando las siestas a un máximo de 30 minutos se pueden maximizar tanto los beneficios cognitivos como físicos, subrayando la importancia de la moderación en esta práctica.

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