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La tragedia del vuelo 6502 de Aeroflot que dejó 70 muertos

En octubre de 1986, el vuelo 6502 de Aeroflot, conducido por el capitán Alexander Kliuyev, se estrelló tras un aterrizaje realizado a ciegas, causando 70 muertes. El gobierno soviético intentó encubrir la verdad detrás del accidente, pero la realidad se reveló años después.

Por Mariano Jasovich4 min de lectura
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La tragedia del vuelo 6502 de Aeroflot que dejó 70 muertos

El accidente del vuelo 6502 de Aeroflot, ocurrido el 20 de octubre de 1986, es uno de los desastres aéreos más trágicos y polémicos en la historia de la aviación soviética. Aquel día, el avión Tupolev Tu-134A, que contaba con 94 ocupantes, perdió el control durante el aterrizaje en el aeropuerto de Kuibyshev. A pesar de que la nave estaba en condiciones operativas y el tiempo no presentaba adversidades, el capitán Alexander Kliuyev tomó una decisión fatal: cerró las cortinas del parabrisas de la cabina y apostó a que podría aterrizar a ciegas, guiándose únicamente por los instrumentos de vuelo.

A tan solo dos minutos de aterrizar, y en una maniobra que contradijo todos los protocolos de seguridad, Kliuyev ordenó al ingeniero de vuelo que cubriera las ventanas. Este acto dejó a la tripulación sin visibilidad, algo que es incomprensible en un vuelo comercial. La torre de control trató de comunicarse con el piloto, pero Kliuyev ignoró todas las instrucciones. La falta de coordinación y la asunción de riesgos inusuales llevaron a una serie de errores de cálculo que culminaron en el accidente.

Al momento de descender, Kliuyev subestimó tanto la altura como la velocidad del avión, lo que provocó que este tocara la pista de forma abrupta. El tren de aterrizaje no pudo soportar la carga y colapsó. Como resultado, el avión perdió el control, se desvió de la pista y se incendió, dejando un saldo devastador de 63 muertes inmediatas y 7 más en hospitales. Solo 24 pasajeros sobrevivieron a la tragedia, incluido el capitán, quien salió ileso del siniestro que él mismo había causado.

Las reacciones del gobierno soviético fueron rápidas y decididas. Para evitar un escándalo público, intentó silenciar los detalles del accidente. La KGB tomó el control de la información sobre el incidente, restringiendo el acceso a la pesquisa y a los testimonios de los sobrevivientes. Las familias de las víctimas vivieron años sin saber la verdad sobre lo sucedido en la cabina del avión.

Sin embargo, la verdad sobre el accidente emergió gracias a los esfuerzos de quienes se encontraban en la escena. El coronel de Bomberos, AK Karpov, documentó la situación mediante fotografías de los restos del avión, evidenciando así la magnitud de la tragedia. Las imágenes y el testimonio de Karpov contrarrestaron el intento de encubrimiento del Estado, revelando que la arrogancia y las decisiones irresponsables de un piloto fueron las causas del desastre.

A más de tres décadas de esta tragedia, el vuelo 6502 de Aeroflot sigue siendo un recordatorio de la importancia del cumplimiento de las normas de seguridad en la aviación y la vulnerabilidad ante la toma de decisiones imprudentes. Los ecos de este trágico episodio resuenan en la memoria colectiva, subrayando lecciones que aún son relevantes en la aviación moderna.

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