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Las mujeres crianceras del norte neuquino preservan una tradición ancestral

Las mujeres crianceras en el norte de Neuquén son esenciales en la práctica de la trashumancia, acompañando a sus familias en el arreo de ganado hacia las montañas. A pesar de ser menos visibles en los arreos, su labor en el campo y el hogar sigue siendo fundamental en la conservación de esta tradición.

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Las mujeres crianceras del norte neuquino preservan una tradición ancestral

En el norte de Neuquén, las mujeres crianceras desempeñan un papel crucial en la práctica ancestral de la trashumancia, que implica el desplazamiento del ganado hacia las altas montañas durante el verano. A lo largo de los años, estas mujeres han sido más que simples acompañantes; su trabajo es fundamental en el cuidado y traslado de los animales, así como en las labores de cocina durante las paradas en los arreos.

Sin embargo, se ha observado una disminución en la participación de mujeres crianceras en los arroces, lo que refleja un cambio social y económico en la región. Aunque muchas de ellas se involucran en las tareas del campo durante el resto del año, la menor presencia en los arreos está influenciada por diversos factores como el envejecimiento de la población activa y las condiciones del terreno, que se han vuelto más difíciles con los años.

Las crianceras comparten su tiempo entre la recolección de leña, la preparación de alimentos y el cuidado de los niños que quedan en casa, mientras los hombres emprenden el arduo viaje de cuatro a cinco meses hacia las veranadas. Esta división de tareas resalta la importancia de las mujeres en la dinámica familiar y laboral, así como su papel en la transmisión de tradiciones y conocimientos a las nuevas generaciones.

A pesar de la reducción en la participación de mujeres jóvenes en las salidas hacia las montañas, hay quienes aún conservan la esperanza de que nuevas generaciones quieran mantener viva esta actividad tradicional. Las mujeres son vistas como “raíces que no hay que cortar”, subrayando su conexión con la tierra y los ciclos de vida en la región.

Las imágenes capturadas por el fotógrafo Martín Muñoz destacan la labor diaria y la fortaleza de estas mujeres, que son consideradas las herederas de una cultura rica y resiliente. A través de su trabajo, las crianceras no solo sostienen la economía local, sino que también contribuyen a la preservación de una identidad cultural que se remonta a décadas y que es vital para la comunidad.

Este sentido de pertenencia y continuidad es particularmente significativo en una época en que las prácticas tradicionales enfrentan desafíos cada vez mayores. La combinación de la disminución de la mano de obra joven y las transformaciones en el uso de la tierra hacen que sea más importante que nunca reconocer y apoyar el papel de las mujeres crianceras como pilares de la cultura y la economía en el norte neuquino.

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