Ley de Tierras: la percepción errónea sobre la compra extranjera en el campo argentino
La reciente decisión de la Corte Suprema que revoca los límites a la compra de tierras rurales por extranjeros reabre el debate sobre la soberanía y la propiedad en la Patagonia. A pesar de los temores, los datos indican que la tenencia extranjera es relativamente baja, lo que genera una discusión más profunda sobre el rol del Estado en la gestión de la tierra.

La Corte Suprema de la Nación ha revocado, a través de un fallo firmado por sus principales miembros, el artículo que establecía límites en la compra de tierras rurales por extranjeros, lo que ha desatado un nuevo debate en torno a la propiedad de la tierra en Argentina. Esta decisión significa que, actualmente, no existen restricciones vigentes para que personas o empresas extranjeras adquieran terrenos rurales, situación que fue criticada por algunos sectores de la política y la sociedad.
El reclamo se intensificó tras el fallo de la Corte, que se emitió el 29 de septiembre, cuando algunos senadores del Partido Justicialista presentaron un proyecto para restablecer la Ley 26.737 de 2011, que limitaba hasta un 15% la cantidad de tierras rurales que podían estar en manos extranjeras. A pesar de este reclamo, el registro de tierras indica que ninguna provincia supera este límite y que, de acuerdo al Observatorio de Tierras, solo un 5% del territorio argentino es poseído por extranjeros, lo que equivale a cerca de 13 millones de hectáreas.
Además, la cuestión de la propiedad de la tierra está fuertemente ligada a la noción de soberanía. Sin embargo, como sugiere la experiencia descriptiva de distintos autores y analistas, la falta de intervención del Estado en el desarrollo de infraestructuras y servicios fundamentales en la Patagonia ha llevado a que algunos territorios sean comprados por forasteros. En localidades donde no existían servicios básicos, la llegada de inversores extranjeros significó una mejora en la calidad de vida de los pobladores.
El conflicto se complica cuando se considera que la percepción pública sobre la compra de tierras por extranjeros a menudo refleja un miedo que puede no estar fundamentado en la realidad estadística. Una encuesta reciente registrada por Zuban Córdoba indica que un 77% de los consultados apoya la idea de limitar la compra de tierras por parte de extranjeros. Esta opinión popular puede guiar decisiones políticas que afecten la gestión del uso de la tierra.
Esta discusión no es nueva y se remonta a décadas de debates sobre la soberanía y el desarrollo territorial en Argentina. Históricamente, la Patagonia ha sido vista tanto como un espacio de oportunidades de desarrollo como un objetivo de especulación y explotación por terceros.
De este modo, la situación actual plantea la necesidad de un debate más profundo sobre cómo el Estado puede y debe intervenir en la regulación de tierras rurales, asegurando un balance entre inversión extranjera y el respeto por la soberanía nacional, buscando aprovechar las inversiones sin renunciar al control y desarrollo local. La historia reciente reafirma que la llegada de capitales foráneos no necesariamente implica una pérdida de soberanía, sino que también puede representar oportunidades de desarrollo para las comunidades locales.
La normativa que se implemente en el futuro tendrá que considerar tanto la voz de la ciudadanía como la realidad del territorio, asegurando que la riqueza de la Patagonia sea gestionada de manera sostenible y equitativa.