Liberata, la mujer que volvió a escuchar a los 101 años
Liberata Ríos, a los 101 años, recuperó la audición que había perdido. Esta mujer, activa y reconocida en su comunidad, había sido un ejemplo de participación social y cultural en San Martín de los Andes.

Liberata Ríos, nacida el 18 de enero de 1925, es una mujer que vivió en San Martín de los Andes y se destacó por su intensa participación en la comunidad, sobre todo en iniciativas para adultos mayores. Sin embargo, un cambio en su vida llegó cuando comenzó a experimentar problemas de audición. Esta situación la llevó a sentirse aislada de las conversaciones en las que solía participar activamente. Su sobrina, Mirtha Ríos Betancurt, notó un cambio significativo en la actitud de Liberata cuando ella expresó su deseo de no asistir más al club donde socializaba, lo cual encendió una alarma familiar sobre su estado de salud.
A pesar de haber desarrollado estrategias para disimular su dificultad auditiva, la incomodidad por no comprender a sus compañeras fue en aumento. Liberata, a lo largo de su vida, fue una mujer que luchó por un lugar y un reconocimiento dentro de la sociedad, además de contribuir a la creación de espacios que hoy benefician a otros adultos mayores en su localidad. Formó parte del Consejo Municipal de Adultos Mayores de San Martín de los Andes y contribuyó a la fundación del Club de Día, mostrando su compromiso con el bienestar de sus pares.
La vida de Liberata fue notable no solo por su involucramiento en la comunidad, sino también por su resiliencia. A los 84 años, obtuvo su diploma de escuela secundaria y se dedicó a aprender ajedrez, logrando competir y ser reconocida en diferentes instancias, así como en el teatro, donde su historia fue llevada a las tablas. Un incidente curioso de su juventud, en el que disparó a un hombre que intentó ingresar a su despensa, se transformó en una anécdota popular y en una obra de teatro comunitario.
En la actualidad, la historia de Liberata Ríos representa no solo una vida llena de actividad y logros, sino también un reflejo de las experiencias de muchas mujeres de su generación que enfrentaron diversos desafíos. Su vida es un testimonio del poder de la comunidad y la importancia de mantenerse activo y conectado, sin importar la edad. A sus 101 años, gracias a un implante coclear, Liberata pudo recuperar la audición y una vez más, disfrutar de las conversaciones y actividades que la hicieron tan querida.
Este regreso a la comunicación a una edad tan avanzada subraya no solo su fortaleza personal, sino también el compromiso que tuvo a lo largo de su vida para servir y ser parte de una comunidad, contribuyendo a su desarrollo e inclusión. Su legado perdura entre quienes la conocieron y en las estructuras que ayudó a crear para los adultos mayores en San Martín de los Andes.