Los desafíos de los jóvenes para planificar su futuro en la actualidad
La capacidad de los jóvenes para estudiar o trabajar no siempre refleja la falta de aspiraciones, sino una desconexión entre sus sueños y la realidad. Expertos advierten sobre la presión social que incide en sus decisiones y cómo esta dificultad se entrelaza con el desarrollo cerebral.

La complejidad que enfrentan muchos jóvenes hoy en día para asistir a estudios formales o insertarse en el mercado laboral no se traduce necesariamente en la ausencia de sueños o metas. Según María Angélica Ortigoza, Master Coach y presidenta de la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional, gran parte de esta problemática radica en la dificultad para visualizar un futuro en un entorno que no siempre los escucha ni apoya sus expectativas.
Ortigoza, quien ha trabajado con adolescentes y jóvenes en los rangos de 16 a 23 años, ha observado que la presunción de que "no tienen futuro" surge del hecho de que muchos no logran definir concretamente qué quieren hacer con su vida. Sin embargo, al establecer un espacio de escucha, se revelan las expectativas y aspiraciones que verdaderamente poseen. "Los jóvenes sí tienen sueños, pero se ven distanciados de la realidad que perciben a su alrededor", enfatizó.
Una de las causas de esta dificultad es la fuerte presión que padecen los jóvenes, quienes se enfrentan a la inminente expectativa de obtener resultados inmediatos. Según Ortigoza, esta demanda de éxito rápido es un fenómeno que afecta tanto a ellos como a la sociedad en general y contribuye a una sensación de frustración ante el proceso natural de maduración y desarrollo personal.
La adolescencia representa una etapa crítica en la que los jóvenes aún están desarrollando las habilidades necesarias para tomar decisiones significativas a largo plazo. Se les exige, en muchos casos, responder a preguntas sobre su futuro profesional antes de haber culminado su formación escolar, lo que puede ser contraproducente. En este sentido, la neurociencia aporta claves sobre el desarrollo cerebral que subrayan la dificultad de los adolescentes para proyectarse en términos de cinco a diez años a causa de la maduración incompleta de la parte frontal del cerebro.
Ortigoza sugiere que esta demanda prematura de definición de la vida puede ser errónea y perjudicial. Los jóvenes necesitan tiempo para explorar y definir sus trayectorias, apoyados por un entorno que les brinde oportunidades de crecimiento. Las expectativas sociales deben alinearse con la realidad del desarrollo humano, que es mucho más gradual de lo que se imagina.
En la Patagonia, esta problemática se acentúa ante la falta de oportunidades laborales y educativas que pueden influir en la toma de decisiones de los jóvenes. La región enfrenta un contexto laboral incierto, lo que podría acabar impactando en el futuro económico de estas generaciones. La mejora en el acceso a recursos y la creación de espacios de diálogo podrían ser fundamentales para fomentar un futuro más esperanzador.
Mientras estos jóvenes continúan lidiando con la complejidad del presente, es fundamental crear redes de apoyo que les permitan explorar y eventualmente decidir su futuro de manera más informada y tranquila. La sociedad tiene un papel crucial en facilitar ese proceso.