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Los incendios de sexta generación y su impacto en España

En lo que va de 2026, los incendios forestales en España han devastado 152.678 hectáreas, multiplicando por seis la afectación del año anterior. Estos siniestros se asocian a condiciones climáticas extremas y a un manejo deficiente del bosque, siendo más virulentos y con capacidad de crear su propia meteorología, lo que complica su control.

Por Paula Bastante Hernáiz3 min de lectura
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Los incendios de sexta generación y su impacto en España

Los incendios forestales en España han alcanzado un saldo devastador, con 152.678 hectáreas afectadas desde el inicio de 2026, lo que representa un aumento significativo en comparación con los 24.133 hectáreas del mismo periodo en 2025. Este año se registró un alarmante incremento en el número de grandes incendios, pues ya se contabilizan 32, frente a solo siete el año anterior. Los focos más críticos se encuentran en regiones como Madrid, Ávila, Toledo y Castellón, donde la propagación ha sido facilitada por los fenómenos climáticos que se intensifican, incluyendo altas temperaturas y sequías prolongadas.

Los incendios de sexta generación, también conocidos como megaincendios, son especialmente peligrosos debido a su manejo impredecible y su capacidad para transformar las condiciones atmosféricas. Según WWF, estos incendios generan grandes columnas de aire caliente y vapor que pueden producir pirocúmulos, unas nubes de tormenta originadas por el propio fuego. Al desplomarse, estas columnas pueden liberar descargas de viento erráticas que propagan el fuego a nuevas áreas, dificultando las labores de extinción y creando múltiples focos secundarios de incendio.

La situación ha sido declarada de emergencia nacional, en parte debido al estado de abandono de gran parte del territorio rural. Este abandono ha permitido que los bosques crezcan densos y acumulen biomasa sin gestionar, lo que aumenta la probabilidad de incendios devastadores. Un estudio de 2022 indica que para clasificar un incendio como megaincendio, este debe quemar un área superior a las 10.000 hectáreas; sin embargo, muchos de ellos superan el área de las 100.000 hectáreas. Esta tendencia preocupante es el resultado de un cóctel de factores que incluyen la crisis climática y la falta de manejo forestal.

Los incendios no solamente se deben por el cambio climático, sino también por transformaciones en el uso del territorio. Factores como las olas de calor extremas y el abandono de actividades agrícolas y ganaderas han contribuido a que la vegetación se vuelva un combustible fácilmente inflamable. Según un informe del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, esta falta de gestión de los espacios forestales ha propiciado una tendencia alarmante en el incremento y virulencia de los incendios.

La incapacidad para manejar este tipo de siniestros pone en jaque a los recursos disponibles, ya que, aunque el 98% de los incendios iniciales son controlados, esto no permite una autoregulada saludable del ecosistema forestal. Así, se genera lo que se ha denominado como “la paradoja de la extinción”, donde la intervención efectiva para sofocar incendios iniciales se convierte, a largo plazo, en un problema mayor debido a la acumulación incontrolada de vegetación.

El futuro requiere no solo de una respuesta inmediata ante estos fenómenos, sino de un cambio en la gestión de los espacios forestales y políticas efectivas que integren la reforestación y la regeneración de los ecosistemas para prevenir una mayor devastación, que podría convertirse en la norma si las condiciones actuales siguen sin ser abordadas adecuadamente.

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