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Los orígenes del colectivo en la Patagonia, antes que en Buenos Aires

En Comodoro Rivadavia, un sistema de transporte que antecedió al colectivo de Buenos Aires comenzó a funcionar en 1918. La iniciativa fue impulsada por la necesidad de trasladar a trabajadores petroleros mediante un Ford T modificado, marcando un hito en la historia del transporte en la región.

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Los orígenes del colectivo en la Patagonia, antes que en Buenos Aires

Antes de que los colectivos se establecieran como el medio de transporte urbano por excelencia en Argentina, en Comodoro Rivadavia, Chubut, ya circulaba una versión primitiva de este servicio. En 1918, ante la creciente actividad hidrocarburífera, dos individuos, Van Herden y Federico Zimmerman, respondieron a la demanda de traslado de trabajadores entre los campamentos petroleros de Astra y el centro de la ciudad. La historia, investigada por el historiador Ángel Sánchez, revela que este sistema operó diez años antes de que se registrara el primer colectivo formal en Buenos Aires, en 1928.

El enfoque de la solución no procedió de un estudio de mercado o un plan de negocios. Van Herden, quien tenía habilidades en herrería, carpintería y albañilería, y Zimmerman, decidieron modificar un Ford T. Esta adaptación incluyó extender el chasis y crear una estructura con asientos enfrentados, permitiendo el transporte de seis a ocho personas en cada viaje. Sin embargo, los detalles sobre la duración de este servicio o su sostenibilidad económica son escasos, ya que la iniciativa fue impulsada por la urgencia del contexto más que por una planificación formal.

El vehículo que utilizaron distaba mucho de lo que hoy se entiende como colectivo. Carecía de vidrios y, aunque tenía techo, estaba expuesto a los elementos. Los pasajeros enfrentaban el frío invernal, la lluvia y el barro, ya que los caminos eran apenas huellas de tierra, muchas de las cuales corrían a la par de las vías del ferrocarril. El recorrido unía Astra con el centro de Comodoro Rivadavia y pasaba por áreas que actualmente se conocen como Kilómetro 8, Kilómetro 5 y Kilómetro 3.

El sistema de transporte en cuestión no disponía de paradas fijas ni horarios establecidos. Los pasajeros esperaban en puntos estratégicos del trayecto y hacían señas a los conductores para abordar. Del mismo modo, podían descender en cualquier parte del camino, alertando al chofer con un aviso. Esta falta de organización formal también implicaba un riesgo constante de fallas mecánicas, un inconveniente que abordaban con dificultades, ya que las opciones de comunicación eran limitadas y el telégrafo representaba una de las pocas alternativas disponibles para pedir ayuda.

La narrativa oficial y más aceptada concibe el nacimiento de colectivo tradicional en Buenos Aires, pero la historia de Comodoro Rivadavia revela un capítulo pionero en la evolución del transporte en Argentina. La reivindicación de este primer colectivo patagónico enfrenta el mito de la capital, subrayando la importancia de las respuestas locales a las necesidades comunitarias, que en muchos casos anticiparon innovaciones significativas en el resto del país.

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