Más de 200 jugueterías cerraron en un año; el 30% del mercado sería contrabando
En el último año, se han cerrado más de 200 jugueterías en Argentina, representando una disminución del 7% del total de locales. La Cámara Argentina de la Industria del Juguete alertó sobre el impacto de la competencia desleal y el contrabando en el sector.

La Cámara Argentina de la Industria del Juguete reportó el cierre de más de 200 jugueterías en el último año, lo que representa aproximadamente el 7% del total de 2.800 locales que permanecen operativos en el país. Este fenómeno no es aislado y se inserta en un contexto más amplio de disminución del consumo y aumento de costos, que dificultan la actividad comercial especializada.
Matías Furió, presidente de la cámara, identificó al comercio puerta a puerta como uno de los principales desafíos que enfrenta el sector. A diferencia de las jugueterías que soportan una carga impositiva y costos operativos como alquiler y salarios, las compras directas desde el exterior logran evadir muchos de estos gastos, lo cual se traduce en precios más bajos para el consumidor y compete deslealmente con los locales.
Además del comercio informal, las importaciones legales también han aumentado, lo cual se refleja en su estimación de que el 30% del mercado de juguetes es contrabando. Este contrabando se facilita por la falta de regulación adecuada y la subfacturación de productos en aduanas. Por ejemplo, un juguete con un valor real de cinco dólares podría ser declarado por uno, afectando la competitividad con la producción nacional.
Furió también expresó preocupación por la desregulación de los estándares técnicos para los productos importados, lo que permite la introducción de juguetes de baja calidad e incluso tóxicos al mercado. Citó el caso del Squishy Gamzee, un juguete que contenía benceno, como un ejemplo del riesgo que corren los consumidores que eligen productos no regulados.
En cuanto a la oferta de juguetes, varios de ellos se encuentran por debajo de los $1.000, lo que los hace relativamente accesibles frente a otros bienes de consumo diario. Esta situación plantea preguntas sobre cómo adaptarse a la cambiante demanda, que también ha evolucionado en términos de la edad de los consumidores.
El cierre de jugueterías y el aumento del contrabando reflejan una crisis en un sector que históricamente ha formado parte esencial de la economía nacional y que ahora enfrenta desafíos significativos que ponen en peligro su futuro.
Ante este escenario, la industria juguetera se encuentra en la necesidad urgente de redefinir estrategias que les permitan competir y sobrevivir en un mercado cada vez más adverso.