Máximo Yáñez, un vecino de El Mangrullo en lucha por una vivienda y su pensión
Máximo Yáñez, un hombre de 67 años, reside en El Mangrullo, Neuquén, en condiciones de precariedad y sin vivienda adecuada. Su historia refleja el abandono en regiones cercanas a Vaca Muerta, donde la riqueza del subsuelo contrasta con las duras realidades que enfrentan sus habitantes.

Máximo Yáñez, de 67 años, habita en un puesto rural en El Mangrullo, Neuquén, a pocos metros de los yacimientos de Vaca Muerta, donde las riquezas petroleras no mejoran la calidad de vida de quienes residen en la zona. Vive en soledad y enfrenta condiciones extremadamente difíciles en una propiedad familiar que ha sido su hogar durante generaciones. Su sobrino, Néstor Yáñez, quien ha crecido en ese mismo lugar, relata cómo su familia ha luchado con robos, inundaciones y otras adversidades, siempre con la promesa incumplida de que llegado un político, se podrían solucionar sus problemas habitacionales.
Néstor, que vive en Cutral Co y trabaja como albañil, visita a su tío siempre que puede, considerando que él es la única persona que lo asiste en su vida diaria. Denuncia que en los últimos años, Máximo ha sido víctima de varios robos, incluyendo una parte importante de su ganado, lo que ha dificultado aún más su situación. Además, la ausencia de servicios básicos como un baño ha contribuido a su sufrimiento.
Durante mucho tiempo, Máximo contaba con una pensión de desarrollo social, que le proporcionaba una mínima ayuda económica para acceder a alimentos y forraje para sus animales. Sin embargo, su pensión fue retirada hace cinco meses, dejándolo aún más vulnerable y a la deriva, con la única asistencia proveniente del suministro de garrafas de gas. Néstor ha intentado comunicarse con las autoridades de Plaza Huincul para solicitar una solución, pero hasta la fecha no ha tenido éxito, y el futuro de su tío es incierto.
La situación de Máximo Yáñez es una muestra emblemática de la desconexión entre las comunidades que habitan zonas rurales y la riqueza generada por la explotación de recursos como el petróleo en Vaca Muerta. Pese a estar rodeados por uno de los principales focos de actividad económica del país, los pobladores de El Mangrullo viven en condiciones de marginalidad.
El estado de abandono también incluye la falta de claridad sobre la pertenencia de la tierra donde vive, una problemática que comparten otras comunidades vecinas, dejando a los residentes en una situación de indefinición y desamparo legal. La historia de Máximo es un llamado a la atención sobre estas realidades que a menudo quedan relegadas en las discusiones sobre el desarrollo regional.
A medida que la situación de Máximo se hace más crítica, la pregunta sobre qué seguirá para él y otros como él sigue en el aire. Sin un sistema de apoyo sólido y con la economía en crisis, sus esperanzas de mejorar su calidad de vida parecen lejanas.