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Neuquén sufre una invasión blanca: la pelusa de los álamos en primavera

En primavera, Neuquén es testigo de un fenómeno natural único: la dispersión de la pelusa de los álamos. Este proceso, que a muchos les parece una nevada, tiene un rol crucial en la reproducción de estos árboles.

Por Rosana Rins4 min de lectura
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Neuquén sufre una invasión blanca: la pelusa de los álamos en primavera

Cada año, con la llegada de la primavera, las calles y espacios verdes de Neuquén se ven cubiertos por una densa capa de pequeñas fibras blancas que flotan en el aire. Esta peculiar imagen, que muchos comparan con una nevada, no es más que el resultado de la estrategia reproductiva de los álamos. A menudo, la aparición de esta "nieve" blanca despierta reacciones mixtas entre los habitantes: mientras algunos disfrutan del espectáculo, otros lidian con la incomodidad de barrer constantemente y los problemas de alergias estacionales.

La pelusa que inunda la ciudad proviene de las semillas de los álamos, específicamente de los ejemplares femeninos. Cuando alcanzan la madurez en primavera, estos árboles liberan miles de semillas que están recubiertas por una estructura algodonosa, diseñada para facilitar su transporte a través del viento. Según información de la Universidad Nacional del Comahue, este mecanismo no es casual, sino el resultado de millones de años de evolución que permite a las semillas alcanzar nuevos lugares donde puedan germinar.

La función de las fibras blancas va más allá de lo estético: son esenciales en el proceso de distribución de las semillas. Cada una de estas pequeñas pelusas tiene el potencial de llevar una semilla a un ambiente con las condiciones adecuadas para su crecimiento, perpetuando así la existencia de los álamos. Este fenómeno natural se produce anualmente y su intensidad puede variar dependiendo de las condiciones climáticas previas, como la cantidad de lluvia o la temperatura.

Este año, la dispersión ha sido particularmente influenciada por el clima de octubre, donde las lluvias, la menor radiación solar y las temperaturas moderadas retardaron la apertura de los frutos femeninos, afectando el momento de la liberación de la pelusa. Como resultado, la invasión blanca que vislumbra a la ciudad podría haber comenzado en un tiempo distinto al habitual.

Con el inicio de esta temporada de primavera, lo que se percibe como una incomodidad para algunos es, en esencia, un testimonio del ingenio de la naturaleza en su proceso de reproducción. La interacción entre las condiciones climáticas y la biología de los álamos permitirá que este fenómeno continúe, haciendo de cada primavera un espectáculo natural.

Así, Neuquén vive un ciclo que, más allá de las reacciones que provoca, remarca el importante papel que juega la naturaleza en la vida urbana de la región. Cada copo de pelusa es, en último término, un símbolo de la continuidad del ecosistema local y de la lucha de la fauna y flora por encontrar su lugar en el mundo.

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