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OTRA DECEPCIÓN EN CASA: Unión perdonó y Central Córdoba se lo hizo pagar caro

El Tatengue dominó y generó juego, pero una ráfaga fatal de cuatro minutos en el segundo tiempo le permitió a Central Córdoba llevarse un triunfo por 2 a 1. Un partido con carencias, falta de definición y rendimientos individuales que preocupan.

Por Agustín González2 min de lectura
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OTRA DECEPCIÓN EN CASA: Unión perdonó y Central Córdoba se lo hizo pagar caro

El fútbol no sabe de merecimientos, y el pueblo tatengue lo volvió a sufrir en carne propia. En lo que a priori se presentaba como un encuentro accesible y fundamental para sumar en el Estadio 15 de Abril, Unión terminó protagonizando una derrota evitable por 2 a 1 frente a Central Córdoba de Santiago del Estero. A pesar de haber abierto el marcador mediante Lucas Menossi y de mostrar clara superioridad en el juego, un desconcierto total en el amanecer del segundo tiempo costó demasiado caro.

Desde el arranque, el equipo propuso, manejó la pelota y tomó la iniciativa. Sin embargo, en apenas cuatro minutos fatídicos de la etapa complementaria, la visita logró dar vuelta el resultado gracias a la efectividad de Michael Santos y Facundo Mansilla. Central Córdoba no necesitó brillar; le alcanzó con aprovechar lo que tuvo, castigando con dureza el letargo rojiblanco en ese tramo del partido.

El trámite general estuvo marcado por las carencias y las imprecisiones de ambos lados. La gran diferencia radicó en la contundencia dentro del área: mientras los santiagueños fueron letales con las pocas oportunidades que se les presentaron, Unión volvió a pecar de ineficaz. Se desperdiciaron chances inmejorables de cara al arco rival. La conclusión más realista y amarga de la jornada se resume en el funcionamiento: el equipo toca la pelota, triangula, pero no lastima. Y en el fútbol de Primera División, la falta de gol se paga directamente con derrotas.

Desde el banco de suplentes tampoco llegaron las soluciones. Las variantes introducidas por Leonardo Madelón no surtieron el efecto deseado ni lograron inyectar la rebeldía necesaria para revertir el marcador. En cuanto al arbitraje, a cargo de Nazareno Arasa —con Hernán Mastrángelo y Nelson Sosa en el VAR—, el encuentro transcurrió sin polémicas determinantes, dejando en evidencia que este tropiezo es pura y exclusivamente responsabilidad futbolística del conjunto local.

A la hora de desmenuzar los rendimientos individuales, el panorama ofrece pocos matices rescatables. Lucas Menossi y Palacios fueron de lo mejor de la tarde, mostrando entrega y cierta claridad en medio de la confusión general. Bajo los tres palos, Matías Mansilla resolvió bien los remates directos, pero volvió a exhibir dudas e inseguridades en las salidas aéreas. Por otro lado, resulta alarmante el bajo nivel de figuras como Ignacio Malcorra y Aguirre, quienes continúan sin encontrar su lugar en la cancha ni gravitar en el andamiaje colectivo.

Por el contexto, la localía y la envergadura del rival, este era un partido que demandaba una victoria obligatoria para afianzar la confianza. La realidad dictó otra sentencia. Unión se queda con las manos vacías, repleto de interrogantes y con la necesidad imperiosa de replantearse cuestiones tácticas y anímicas de cara a los próximos compromisos del campeonato.

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