Peregrinación a caballo a Chimpay en honor a Ceferino Namuncurá
Cada año, cientos de viajeros realizan una peregrinación de cinco días a caballo hacia Chimpay, en honor a Ceferino Namuncurá. Este evento, cargado de tradición y fe, reúne a personas de diversas localidades del Alto Valle y más allá, quienes comparten su experiencia durante el recorrido.

La peregrinación hacia el santuario de Ceferino Namuncurá, en Chimpay, se ha convertido en un evento significativo para muchos en la región, uniendo a los fieles en una travesía que dura cinco días. Los jinetes, que parten desde distintos puntos del Alto Valle, tienen como objetivo llegar a este lugar sagrado para cumplir promesas, agradecer o simplemente honrar la tradición familiar de años.
Durante el camino, los peregrinos cruzan rutas donde se encuentran con otros viajeros, creando un sentido de comunidad. Cada noche, tras un día de montura, los participantes instalan fogones, donde comparten comidas y momentos de música. Aunque la lluvia puede complicar la travesía, la perseverancia y la fe son elementos que fortalecen a los jinetes. Muchos de ellos relatan que la llegada del sol después de días grises es un auténtico alivio.
Entre los peregrinos se encuentra Gustavo Aragonés, un experimentado viajero que ha adoptado esta tradición en diferentes modalidades a lo largo de más de 20 años. Gustavo, acompañado de su hijo a caballo y su familia en un vehículo, subraya la importancia de agradecer a Ceferino en lugar de pedir. Su conexión con el beato es profunda y personal, lo que lo impulsa a mantenerse fiel a esta búsqueda espiritual.
Ceferino Namuncurá, figura emblemática nacida en Chimpay a finales del siglo XIX, fue beatificado en 2007. Su legado ha trascendido la religión, abarcando valores universales como la solidaridad y el servicio a los demás, por lo que cada año congrega a miles de devotos en su búsqueda de paz y esperanza. En su corta vida, Ceferino mostró un fuerte deseo de aprender y servir a su comunidad, un mensaje que resuena en las nuevas generaciones que continúan la tradición.
Los relatos de los peregrinos son variados; entre ellos está Agustina Carrasco, quien se unió a su hermano en el camino después de no poder partir el día anterior por obligaciones laborales. Sus historias reflejan la herencia familiar y la conexión emocional que cada peregrino tiene con el recorrido, convirtiendo esta experiencia en una mezcla de homenaje y legado intergeneracional.
Esta peregrinación anual no solo es un viaje físico, sino también espiritual y cultural, reforzando la identidad y los lazos comunitarios en la región, conectando a personas de diferentes lugares por un fin común. La tradición, el sacrificio y la devoción se unen en esta odisea que se sigue reproduciendo a través de los años, fortaleciendo el vínculo con Ceferino.