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Preocupaciones por el dólar mientras el consumo se mantiene estancado

El vocero presidencial, Adrián Ravier, planteó que el dólar podría alcanzar entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses, generando preocupación en el contexto actual donde la actividad económica sigue sin despegar.

Por Pablo Wende5 min de lectura
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Preocupaciones por el dólar mientras el consumo se mantiene estancado

El reciente anuncio de Adrián Ravier, vocero del presidente Javier Milei, sobre la posibilidad de un aumento del dólar a entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses ha reavivado las preocupaciones en el ámbito económico. Esta predicción se produce en un contexto donde la inflación ha superado el 18% en los primeros siete meses del año, mientras que el tipo de cambio ha mantenido una notable estabilidad, lo que genera un marcado contraste que podría cambiar abruptamente en los meses venideros.

Expertos en economía han expresado su inquietud respecto a que el comentario de Ravier podría "despertar al monstruo", refiriéndose a la inestabilidad del mercado cambiario. Recordando antecedentes históricos, como aquellos en los que figuras políticas también realizaron predicciones que luego resultaron erróneas, se subraya la importancia de ser cautelosos al abordar el tema del tipo de cambio. La experiencia destaca que pronósticos desacertados pueden contribuir a generar una mayor volatilidad en la economía.

En medio de esta incertidumbre, se ha registrado un notable alza en la proyección de dólar por parte de consultoras, con algunos informes señalando que podría alcanzar la cifra de $1.800 para fin de año. A pesar de los esfuerzos del Banco Central por evitar una disparada en el tipo de cambio, se ha comenzado a notar un cambio en la dinámica del mercado, sobre todo ante el descenso en la liquidación de divisas provenientes del agro y la expectativa de ingresos a través de colocaciones de deuda.

Sin embargo, no todo es pesimismo, ya que el panorama inflacionario presenta señales de desinflación, con proyecciones de inflación situadas entre el 1,8% y 1,9% para julio. Este descenso en la inflación podría traer cierta calma al Gobierno, aunque la preocupación se centra en el estancamiento del consumo, que no muestra signos de mejora.

La actividad económica en general ha permanecido estancada, con sectores clave como la industria y el comercio sin reacciones significativas. Aunque algunos sectores, como la construcción, muestran señales ligeras de mejora, estas se basan en niveles muy bajos. La incapacidad de los salarios para superar la inflación incrementa la preocupación, ya que las paritarias apenas logran equiparar los aumentos de precios, lo que limita la capacidad de consumo de los hogares y alimenta un ciclo de endeudamiento creciente.

La deuda de las familias con el sistema financiero es un claro reflejo de esta situación. En un escenario donde los salarios no alcanzan, el uso excesivo de tarjetas de crédito ha ido en aumento, evidenciando una presión económica sobre los ciudadanos. Ante este contexto, el futuro del consumo sigue siendo incierto mientras las proyecciones sobre el dólar y la inflación mantienen en alerta a los actores económicos.

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