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Prevención del ahogamiento en bebés: riesgos y recomendaciones prácticas

Los ahogamientos en bebés son un riesgo real, ocurriendo en pocos centímetros de agua y en instantes. Es esencial que los adultos mantengan una supervisión constante para prevenir estos trágicos accidentes.

Por Abigail Gómez3 min de lectura
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Prevención del ahogamiento en bebés: riesgos y recomendaciones prácticas

El ahogamiento de bebés y niños pequeños es un accidente más común de lo que se cree, con estadísticas que alertan sobre su gravedad. La vulnerabilidad de los menores, especialmente en condiciones que se darían en el hogar, aumenta el riesgo de que se produzcan tragedias en cuestión de segundos. Estudios indican que un bebé puede ahogarse en tan solo 15 centímetros de agua y en un lapso breve de 15 segundos; lo que enfatiza la necesidad de un vigilancia adecuada.

Las características físicas de los bebés, como la falta de control muscular y el subdesarrollo de reflejos de defensa, son factores que contribuyen a su propensión al ahogamiento. Al estar en situaciones como caer en recipientes con agua, su incapacidad para enderezarse puede resultar fatal rápidamente, y lo hacen sin hacer ruido, lo que puede generar una falsa sensación de seguridad en quienes están a su alrededor. Por ejemplo, un adulto que se distrae por unos segundos con su teléfono puede perder de vista el peligro inminente.

El contexto de esta problemática no es exclusivo de un país o región, sino que tiene un impacto que se puede observar en diversas comunidades, incluidas las patagónicas. La práctica del balneario y la recreación en espacios acuáticos, tanto en la costa como en lagos y ríos, incrementa la necesidad de orientación sobre la seguridad en el agua. La temporada de calor, que invita a las familias a disfrutar al aire libre, también conlleva el riesgo de descuidos fatales.

Para mitigar estos riesgos, se recomienda una serie de medidas preventivas a los adultos. La supervisión constante y directa de los niños menores de cinco años al estar cerca de cualquier fuente de agua es crucial. Además, se desaconseja confiar en dispositivos de flotación como sustitutos de la vigilancia adulta. Vaciar inmediatamente recipientes utilizados y asegurarlos de forma tal que no puedan ser accesibles a bebés, son pasos simples pero efectivos.

Asimismo, se sugiere la instalación de cercas alrededor de albercas y cisternas en hogares, como una barrera adicional. Enseñar a los niños sobre los peligros del agua de acuerdo a su edad y hacerlos partícipes de clases de natación son estrategias importantes en la formación de una cultura de seguridad acuática.

Finalmente, los adultos deben capacitarse en maniobras de resucitación cardiopulmonar (RCP) ante accidentes, y evitar distracciones, como el uso del celular, cuando los niños están en el agua o cerca de ella. Promover la seguridad del agua es una responsabilidad compartida que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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