Problemas en el proyecto energético CASA-1000 y sus consecuencias
El proyecto CASA-1000, que busca transmitir energía hidroeléctrica de Asia Central a Afganistán y Pakistán, ha sufrido múltiples retrasos y enfrenta un contexto económico desfavorable. Las proyecciones de excedente eléctrico han fracasado debido al incremento en la demanda de energía en la región, lo que ha llevado a varios países a considerar nuevas fuentes de energía, incluida la nuclear.

Iniciado con la intención de facilitar la transmisión de energía hidroeléctrica entre Kirguistán y Tayikistán hacia Afganistán y Pakistán, el proyecto CASA-1000 ha enfrentado graves demoras desde su anuncio en 2006. Estimado en más de 1.300 megavatios, se esperaba que comenzara a funcionar en 2020, pero ahora se adelanta que no será antes de 2027. Las inversiones iniciales de Kirguistán han sido significativas, alcanzando aproximadamente 216 millones de dólares, mientras que Tayikistán ha superado los 250 millones, ambos financiados en gran parte por entidades internacionales como el Banco Mundial y el BID.
A pesar de su presentación como un proyecto de comercio energético, CASA-1000 era también un eje clave dentro de la estrategia de geopolítica regional de los Estados Unidos, en un intento por disminuir la dependencia de Asia Central de las conexiones eléctricas rusas. Sin embargo, la supuesta abundancia de excedentes eléctricos en la región ya no se sostiene. En las últimas dos décadas, el crecimiento económico en Asia Central ha provocado un aumento considerable en el consumo de electricidad, agudizando un déficit energético que va de 10.000 a 15.000 millones de kWh anuales.
Este contexto ha llevado a los gobiernos de los países de la región a replantear sus estrategias energéticas. Con proyecciones que estiman un incremento del 40% en la demanda eléctrica para 2030, es incierto si el proyecto CASA-1000 será viable o si los países deberán centrarse más en incrementar su capacidad de generación local.
Ante esta situación, parece que la idea original de exportar energía se ha vuelto obsoleta. Esto ha motivado a países como Kazajistán a iniciar la construcción de su primera central nuclear comercial, tras un referéndum a nivel nacional, mientras que Uzbekistán también evalúa opciones similares. Estas decisiones reflejan un cambio de paradigma ante la realidad de la creciente demanda interna de energía, limitando la posibilidad de exportaciones futuras.
De este modo, el futuro del proyecto CASA-1000 queda en entredicho, mientras los países de Asia Central deben enfrentar la necesidad urgente de adaptar sus infraestructuras energéticas a la nueva realidad de consumo, lo que puede complicar aún más la cooperación interregional que se pretendía fomentar con esta iniciativa.