Productores ovinos en Patagonia buscan diversificarse para enfrentar desafíos
Los productores de ovinos en Santa Cruz enfrentan nuevos desafíos tras mejorar la producción forrajera, aunque la falta de agua ha afectado su rendimiento. Buscan diversificarse en la producción de lana y carne para reactivar la economía regional.

La reciente llegada de lluvias en la Patagonia ha renovado la esperanza en la producción ovina, especialmente en Santa Cruz, donde esta actividad ha sido tradicionalmente un pilar económico. Sin embargo, a pesar del rebrote de los pastizales, los productores aún lidian con los efectos de años de sequía. Esta situación ha complicado los trabajos en el campo y ha exigido mayores cuidados sobre las majadas.
César Guatti, ingeniero agrónomo y productor ovino en Río Gallegos, señala que la producción lanera no ha sido favorable en su zona, con una notable disminución en el peso de la lana que se cosecha. En Santa Cruz, la media es de cuatro kilos por animal, pero los problemas climáticos de este año han derivado en una pérdida estimativa de medio kilo por oveja. Esta disminución en la cantidad se compensa, al menos en parte, por los buenos niveles de calidad que han mantenido las fibras, aunque la lluvia ha retrasado la esquila, que se lleva a cabo habitualmente en septiembre.
En términos de comercialización, la calidad de la lana tiene un impacto directo en su precio en el mercado internacional. Las fibras finas, en el rango de 16 a 18 micrones, alcanzan precios que rondan los ocho dólares por kilo, mientras que las más gruesas, de 26 a 27 micrones, promedian tres dólares. Esta diferencia de precios también revela disparidades productivas en Santa Cruz, donde el centro y el norte se especializan más en la producción de lana fina, mientras que el sur prioriza la cría de corderos y ovejas de carne.
El cordero liviano, que se comercializa a un peso de unos 12 kilos a los 90 días de vida, representa el principal producto en la zona de Guatti, con una buena parte destinada a la exportación hacia la Unión Europea. Además, los animales adultos tienen salida en mercados externos como Brasil y países del Medio Oriente.
A pesar de los desafíos que enfrenta la producción ovina en la región, la diversificación en la producción de lana y carne ha permitido que los ingresos se distribuyan de manera más equitativa, lo que genera un cierto nivel de estabilidad en un contexto económico volátil. Sin embargo, la caída en la producción y los cambios en los patrones de consumo representan un reto constante para los productores que buscan recuperar sus niveles históricos de actividad.
A medida que los productores se adaptan a las nuevas condiciones del mercado, es probable que continúen buscando formas de integrar sus operaciones y acceder a un mercado global más competitivo, considerando que la combinación de lana y carne puede ser la clave para la reactivación deseada de la economía ovina en la Patagonia.