Récord de calor en Astaná genera preocupación por el futuro climático
Durante el pasado 14 de julio, Astaná registró una temperatura de 39,5 °C, superando su récord histórico. Este fenómeno es parte de un patrón preocupante que se relaciona con el cambio climático y sus efectos en la salud de la población.

Astaná, la capital de Kazajistán, ha registrado temperaturas récord en medio de una ola de calor que ha impactado a varias regiones del país. El 14 de julio, la ciudad alcanzó los 39,5 °C, superando en cuatro grados el anterior récord establecido hace más de tres décadas. Este episodio extremo de calor no es aislado; apenas tres semanas antes, ya se había marcado un nuevo hito con una temperatura de 36,8 °C, indicando una preocupante tendencia hacia el aumento de temperaturas en la región.
El fenómeno climática ha desencadenado alertas por parte del sistema de emergencias nacional, ya que las temperaturas han permanecido cerca de 36 °C durante días. En otras zonas del país, como el suroeste, se han registrado temperaturas aún más elevadas, alcanzando hasta 48 °C. Las proyecciones meteorológicas indican que este calor persistirá, con pronósticos que advierten de valores que oscilarán entre 35 °C y 45 °C en las próximas semanas.
La situación ha generado alarmas en los sectores sanitario y social, dado que la prolongada exposición a estas altas temperaturas puede tener graves repercusiones en la salud. Aunque el Ministerio de Sanidad no cuenta con datos actualizados sobre muertes vinculadas al calor, UNICEF ha advertido que casi tres cuartas partes del país enfrenta riesgos climáticos que afectan la salud humana. Informes del Banco Mundial prevén que, sin una adaptación adecuada, las muertes asociadas al calor en Europa y Asia Central podrían triplicarse para 2050.
Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que Kazajistán, junto a Uzbekistán, podría experimentar un aumento significativo en las tasas de mortalidad relacionada con olas de calor, aun bajo escenarios moderados de cambio climático. La implementación de planes de acción para afrontar estas situaciones ha demostrado reducir mortalidades en un 25% en otros países.
Este evento de calor extremo también ha modificado la vida cotidiana y la organización urbana. En Almaty, por ejemplo, se intensificaron las tareas de riego y nebulización para contrarrestar el calor. Las autoridades han sugerido cuidados especiales para grupos vulnerables, como ancianos y niños, y se están desarrollando métodos para monitorizar de manera efectiva las muertes atribuibles al calor.
La ola de calor en Kazajistán se inscribe en un contexto más amplio de cambio climático, que ha llevado a un incremento sostenido de las temperaturas en el país. En el 2025, Kazajistán vivió su año más cálido desde que se tienen registros, con temperaturas promedio 2,98 °C más altas de lo usual. Esto ha incrementado la preocupación por la sequía y la salud de los ecosistemas locales, así como por los recursos hídricos que, tras el derretimiento anticipado de la nieve, se ven amenazados.
Frente a esta situación, las autoridades están bajo presión para actuar de manera efectiva, ya que los eventos climáticos extremos se vuelven cada vez más frecuentes, lo que no solo afecta la salud pública, sino también la economía y el bienestar general de la población.