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Recuperan la vitivinicultura en General Conesa con Un Refugio

Pablo Rodríguez, representante de la tercera generación de productores de frutas, ha decidido revitalizar la tradición vitivinícola en General Conesa con su bodega Un Refugio. Esta iniciativa busca diversificar la producción agrícola y realzar el potencial del valle para la elaboración de vinos de calidad.

Por Gladis Gutiérrez5 min de lectura
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Recuperan la vitivinicultura en General Conesa con Un Refugio

Pablo Rodríguez, tercera generación de agricultores de General Conesa, ha emprendido un proyecto que revitaliza la tradición vitivinícola en la región. En 2012, sembró las primeras vides en la chacra familiar, buscando diversificar y agregar valor a su producción, que hasta ese momento se centraba en las frutas de carozo. La historia de la viticultura en esta zona es antigua, con antecedentes familiares que se remontan a una pequeña bodega que tuvieron los abuelos maternos de Pablo.

El contexto agrícola de General Conesa, ubicada a orillas del río Negro, es propicio para el cultivo de vides, gracias a su clima semidesértico que ofrece amplitud térmica, inviernos fríos y suelos arenosos. Estas condiciones fueron fundamentales para la elección de las variedades de uva, comenzando con Malbec, y posteriormente incorporando Syrah, Semillón y Cabernet Sauvignon. Rodríguez destaca que la zona posee un altísimo potencial para vinificar una amplia gama de varietales.

La bodega Un Refugio opera en una escala pequeña, con un objetivo de producción de alrededor de 10.000 botellas por cosecha, una estrategia que permite concentrarse en la calidad del vino. Aunque esto plantea desafíos relacionados con la logística y los costos de insumos, Rodríguez busca posicionar su producto en el segmento de vinos de gama media y alta, ofreciendo un vino que refleje la identidad local.

Un aspecto distintivo del proyecto es su enfoque en la producción sostenible. Aunque aún no cuenta con la certificación orgánica, el manejo del viñedo se realiza sin el uso de herbicidas ni agroquímicos, buscando un equilibrio natural entre el suelo y las plantas. Esta filosofía productiva está alineada con el objetivo de ofrecer un vino de la más alta calidad y con un sello distintivo de la zona.

La propuesta de Un Refugio no solo se limita a la producción de vino, sino que también busca fomentar la identidad regional. La transformación de la uva en vino se realiza completamente en la chacra familiar, lo cual le otorga un valor agregado y un sentido de pertenencia a la comunidad. Rodríguez enfatiza que cada botella es el resultado de una mezcla de tipicidad varietal, clima, suelo y experiencia local, lo que contribuye a construir una historia en torno al vino patagónico.

De este modo, la bodega Un Refugio se presenta como un símbolo de la resiliencia y el esfuerzo de las familias de General Conesa para adaptarse a los cambios y recuperar tradiciones ancestrales, al tiempo que contribuyen al desarrollo económico y cultural de la región.

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