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Regreso a la chacra: una familia de Centenario revive sus raíces

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig decidieron regresar a Centenario, donde construyeron su hogar en la chacra familiar. Al recrear estilos de vida de antaño, la pareja busca reconectar con sus raíces mientras enfrentan desafíos contemporáneos.

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Regreso a la chacra: una familia de Centenario revive sus raíces

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig, provenientes de familias dedicadas a la chacra, concretaron su sueño de regresar a la vida rural en Centenario, Neuquén. Tras 19 años de preparativos, finalmente se mudaron hace tres años a una propiedad que Silvana heredó de su padre. La ubicación de su hogar, entre Vista Alegre y Centenario, simboliza el deseo de recuperar una forma de vida más simple y conectada con la naturaleza, característica de su infancia en los años '80.

En su chacra, rodeada de tres hectáreas de tierra, la familia ha comenzado a cultivar alfalfa y criar animales como gallinas y conejos. Aunque no se trata de una producción comercial, para ellos representa un regreso a sus raíces. A medida que el mundo rural enfrenta desafíos como la urbanización y el abandono de tierras, los Aiello han decidido quedarse y reconstruir el legado de sus abuelos.

La historia familiar de los Aiello se remonta a su bisabuelo, quien emigró de Italia a Argentina en busca de mejores condiciones de vida y se estableció en la zona del lago Pellegrini. El amor por la tierra y la tradición chacarera se transmitió de generación en generación, y a pesar de haber perdido a algunos de sus mayores, el deseo de continuar con la herencia familiar permanece.

A medida que el paisaje rural cambia y muchas chacras se convierten en loteos o permanecen desiertas, el proyecto de Silvana y Jorge destaca por su enfoque en la vida familiar, el trabajo artesanal y la autosuficiencia. En su hogar, el trabajo en equipo es fundamental; su hijo Lucas, de 17 años, ha contribuido incluso en la construcción de una incubadora, reflejando el compromiso familiar con su actual modo de vida.

El viaje de los Aiello representa una resistencia a la tendencia de comercializar y desnaturalizar la vida rural, planteando un modelo alternativo que prioriza la autenticidad y la conexión con la tierra. La familia, junto a sus recuerdos y sueños, intenta demostrar que es posible vivir de manera diferente en el mundo moderno, aportando no solo a su historia personal, sino también a la del Alto Valle, donde muchas familias se enfrentan a decisiones difíciles sobre su futuro.

En un contexto donde la identidad rural se encuentra en riesgo, el regreso de los Aiello a sus raíces y su esfuerzo por cultivar una vida sencilla y significativa en la chacra se vuelve un acto de amor hacia la tierra y la cultura que los vio nacer. Su historia es un testimonio de la importancia de las tradiciones y de mantener vivas las raíces frente a los desafíos contemporáneos.

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