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Testimonio conmovedor en el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko

Durante el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko, una compañera de trabajo sexual brindó un testimonio desgarrador sobre las dificultades laborales que enfrentan las mujeres trans. La testigo, bajo estrictas medidas de protección, destacó cómo la precarización la obliga a trabajar en la calle a pesar de sus empleos formales.

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Testimonio conmovedor en el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko

En la cuarta jornada del juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko, una mujer trans que se desempeña como trabajadora sexual relató su experiencia ante un jurado popular, manteniendo su identidad protegida para evitar represalias. La testigo, cuya declaración fue solicitada por la Fiscalía, describió la precariedad de su situación laboral y cómo esta no le ha permitido dejar el trabajo en las calles, aun habiendo tenido un empleo formal en el sector público por varios años.

A lo largo de su testimonio, la mujer enfatizó una recurrente idea: la imposibilidad de dejar la calle a pesar de contar con un empleo. Dijo: "Estoy expuesta todas las noches como estuvo la compañera Azul", refiriéndose al peligro que enfrentan en su labor diaria. En su relato, recordó su relación con Azul, resaltando que conocía su lucha y cómo ambas compartían la misma preocupación por la falta de recursos económicos que las empujaba a ejercer el trabajo sexual.

La testigo argumentó que el trabajo estatal que realizaba no era suficiente para llevar una vida digna. Explicó que las mujeres trans compiten en un mercado laboral escaso y desigual, donde deben superar barreras educativas y sociales. Su afirmación más contundente fue respecto a la necesidad de dinero: "Una no sale a la calle por sexo, una sale a la calle por dinero, porque no te alcanza para comer". Esta declaración subraya que la mayoría de las trabajadoras sexuales no eligen este camino por gusto, sino por coerción económica.

El riesgo constante que enfrentan fue un punto focal en su declaración. Aclaró que, aunque emplean ciertos cuidados, como el uso de preservativos, las medidas de protección son insuficientes ante la violencia que acecha en las calles. Estas condiciones laborales se ven agravadas por la criminalización del trabajo sexual y la falta de políticas públicas efectivas que garanticen la seguridad y los derechos de las trabajadoras.

La testigo instó a repensar la percepción sobre el trabajo sexual, sugiriendo que si Azul hubiera tenido un salario que le permitiera vivir dignamente, no habría estado en la esquina. Este enfoque pone de manifiesto la intersección entre derechos laborales, género y violencia, elementos cruciales para entender la realidad de muchas mujeres en situaciones similares.

La declaración de esta mujer refleja un panorama alarmante sobre la precariedad a la que están sometidas las trabajadoras sexuales en la Argentina, especialmente en la región patagónica, donde el acceso a empleo formal y seguro se ve limitado por prejuicios y falta de oportunidades. En este contexto, es evidente la necesidad de avanzar en políticas que promuevan la inclusión laboral y la protección de derechos para estas personas vulnerables.

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