Testimonios en el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko
En el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko, se presentaron testimonios que destacan su situación económica precaria y la necesidad de recurrir al trabajo sexual. Ambas cosas fueron claves en su vida y en su trágico destino. Las declaraciones de sus compañeras reflejan su compromiso laboral y los desafíos que enfrentó en su transición.

Durante el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko, diversas testigos expusieron la compleja realidad económica que enfrentaba la víctima, subrayando que su trabajo sexual era una consecuencia directa de su falta de recursos. En la décima audiencia del proceso, “La Soco”, una amiga de Azul, testificó que sabía que la joven estaría en la calle al final del mes, dado que no podía cubrir sus necesidades básicas.
Un testimonio clave fue el de Lorena Covati, trabajadora social del Centro de Atención a la Víctima, quien describió el carácter servicial y amable de Azul. Covati relató que Azul cumplía funciones en la institución, pero también compartía momentos íntimos con ella en los que hablaban de sus sueños y preocupaciones. En este espacio, Azul había revelado sus luchas personales, incluida la economía que la llevó a ejercer la prostitución. "La prostitución era porque no le alcanzaba el dinero", enfatizó Covati.
Los relatos sobre la situación financiera de Azul fueron corroborados por otros testimonios, que destacaron cómo la presión económica afectaba su vida diaria. La falta de dinero la obligaba a buscar alternativas laborales poco convencionales, y aunque mantenía un empleo estatal, se sintió forzada a recurrir al trabajo sexual para poder subsistir. Las amigas que la acompañaban en esta actividad señalaron que se juntaban en la vía pública por la necesidad de conseguir dinero para cubrir sus gastos esenciales.
El ambiente de violencia y riesgo al que se enfrentaba diariamente en la calle también fue subrayado durante las declaraciones. La precariedad de su situación laboral la exponía a condiciones peligrosas, lo que hace aún más trágica su desaparición en un contexto donde la empatía por su lucha era palpable entre sus compañeras. La sensibilidad hacia su vida y su trabajo se hizo evidente en la angustia que sintieron al enterarse de su desaparición, habiendo sido una persona socialmente activa y muy presente en su entorno.
La búsqueda de Azul culminó con la trágica noticia de su muerte, acontecimiento que dejó una profunda huella emocional en quienes la conocían. La noticia llegó a su círculo de amigos y colegas a través de canales oficiales, marcando un duro golpe en la comunidad que la rodeaba.
En conclusión, los testimonios presentados en el juicio no solo revelan las circunstancias que llevaron a Azul Semeñenko a ejercer el trabajo sexual, sino que también ponen de manifiesto la falta de apoyo y comprensión que enfrentan las personas en situaciones similares, una realidad que sigue presente en diversas comunidades de la Patagonia.