Transformación de una chacra patagónica: de tráiler a producción de alfalfa
Ramiro Roco y Julieta Elizondo han convertido una chacra abandonada en Balsa Las Perlas, Río Negro, en un próspero establecimiento de producción de alfalfa. Tras vivir en un tráiler durante la pandemia, lograron alcanzar una producción de 18.000 kilos de alfalfa por hectárea.

Ramiro Roco y Julieta Elizondo llegaron a Balsa Las Perlas, en la provincia de Río Negro, para hacerse cargo de una chacra deshabitada que carecía de electricidad y estaba cubierta de frutales en desuso. Con una fuerte motivación por transformar ese paisaje, hoy producen hasta 18.000 kilos de materia seca de alfalfa por hectárea. Este cambio no solo implica una mejora en la producción, sino que también representa un enfoque innovador en el tratamiento agronómico de la tierra en la región donde habita.
Antes de establecerse en Balsa Las Perlas, Ramiro, originario de Plaza Huincul, Neuquén, y con antecedentes familiares en el transporte, había comenzado a trabajar en la chacra de su familia en Plottier. Desde 2017, empezó a implementar un plan de producción y sistematización que culminó con la adquisición de la nueva chacra en 2020, justo antes de que comenzara la pandemia. La transición hacia la vida en el campo no fue sencilla; la pareja vivió durante dos años y medio en un tráiler mientras trabajaban en la mejora de la propiedad y sufrían las dificultades iniciales de falta de servicios básicos.
La decisión de mudarse a esta nueva chacra significó para la pareja un cambio de rumbo. Lo que originalmente era un proyecto familiar se fue transformando en una iniciativa que involucró a Ramiro y Julieta de manera más profunda. En medio del encierro por la pandemia, encontraron la oportunidad de diversificar su vida y sus actividades productivas, dejando atrás la dependencia del transporte familiar.
Durante su estancia en el tráiler, lograron erradicar las plantaciones frutales en desuso y comenzaron a construir su casa, que finalizó en 2022. El sueño de Ramiro fue siempre que la chacra se llenara de verde, reflejando una producción que va más allá de lo agrícola, buscando también un bienestar personal y comunitario.
El proceso de transformación del campo ha implicado un manejo agronómico que optimiza las cualidades del suelo norpatagónico, aprovechando las condiciones ambientales favorables para el cultivo de pasturas. Gracias a estos esfuerzos, Ramiro y Julieta proyectan ampliar su superficie plantada, lo que podría incrementar aún más su producción y consolidar su modelo agropecuario en la región.
El caso de este joven emprendimiento demuestra cómo, a través de la perseverancia y el trabajo, es posible darle un nuevo sentido a terrenos olvidados, generando no solo productos, sino también un impacto positivo en la comunidad agrícola de la Patagonia.