Transformaron un terreno en Senillosa y cosechan 8.000 kilos de cerezas por hectárea
Rubén Maldonado y Marcela Pacheco compraron un terreno en Senillosa, Neuquén, que nadie quería y lo transformaron en una exitosa chacra frutícola. Hoy, cosechan 8.000 kilos de cerezas por hectárea, superando sus propias expectativas.

Rubén Maldonado y Marcela Pacheco, tras casi cuatro décadas de esfuerzo, han convertido un terreno considerado inviable para la producción agrícola en Senillosa, Neuquén, en una próspera chacra enfocada en la producción de cerezas, conocidas como el «rubí de la fruticultura». Hasta la fecha, logran cosechar 8.000 kilos por hectárea, un rendimiento que no solo alcanza sino que a veces supera sus metas anuales.
La historia de esta pareja comenzó a gestarse en los años 80, cuando, a los 16 años, se unieron a un grupo de trabajadores de las obras de las represas de los ríos Limay y Neuquén, que estaban formando una cooperativa para distribuir tierras fiscales. Después de esperar a alcanzar la mayoría de edad, Rubén y Marcela compraron una de las parcelas que, debido a sus condiciones pedregosas y su difícil acceso, había sido ignorada por otros potenciales compradores.
A lo largo de los años, la pareja no sólo se dedicó a trabajar la tierra, enfrentando desafíos como la instalación de sistemas de riego y la construcción de caminos, sino que también han trabajado en la creación de un galpón de empaque para optimizar la comercialización de sus productos. Este enfoque integral ha permitido que su producción evolucione de manera sostenida.
Actualmente, la chacra de Rubén y Marcela se encuentra en una etapa de expansión, ya que planean incrementar la superficie cultivada. Esto sería una respuesta a la creciente demanda de cerezas, un fruto que ha ganado notoriedad tanto en el mercado local como en el nacional. La ubicación, junto al río Limay, presenta ventajas y desafíos, y la pareja ha aprendido a navegar estas condiciones para maximizar su producción.
La experiencia de este emprendimiento resalta el potencial agrario de la región, que, a pesar de su geografía difícil, puede ofrecer oportunidades económicas significativas cuando se combina esfuerzo, planificación y adaptabilidad. Rubén y Marcela no sólo representan a la comunidad de Senillosa, sino que también sirven de ejemplo para otros emprendedores que buscan revitalizar tierras menospreciadas.
Rubén y Marcela continúan innovando en sus prácticas agrícolas, enriqueciendo el panorama de la producción frutal en la Patagonia. De esta manera, no solo sostienen su propia fuente de ingresos, sino que también contribuyen al desarrollo de un sector que puede ser clave para el futuro económico de la región.