Un legado familiar en la cría de ovinos en la Patagonia
En la Patagonia, la familia Apestegui continúa con su tradición de cría ovina, enfocándose en la producción de lana Merino de alta calidad. A pesar de los desafíos climáticos y económicos, la cuarta generación de esta familia mantiene viva una historia que abarca más de un siglo.

Entre Jacobacci y Maquinchao, en la Patagonia, la familia Apestegui representa una historia de perseverancia en la cría de ovinos, específicamente de la raza Merino, que se ha mantenido a lo largo de cuatro generaciones. Este modo de vida no solo ha enfrentado desafíos climáticos y distancias a mercados, sino también golpes económicos que han puesto en jaque la actividad en los últimos años. Aún así, Agustín Apestegui, junto a su padre Jorge y su hermano veterinario Juan Carlos, sostienen una explotación familiar dedicada al manejo de ovejas Merino, una tradición que comenzó su bisabuelo hace más de un siglo.
La historia del establecimiento se remonta a los inicios con el bisabuelo de Agustín, quien empezó comprando campos después de tener un negocio de ramos generales en Maquinchao. La familia estuvo integrada a la estancia Maquinchao durante décadas, uno de los establecimientos ovinos históricos de la región, hasta que en 2014, tras una reorganización familiar, decidieron continuar la producción de forma independiente. La empresa sigue siendo completamente familiar y, según Agustín, el trabajo conjunto es clave para su sostenibilidad.
El vínculo de la familia Apestegui con la Sociedad Rural de Maquinchao es profundo; su bisabuelo fue vicepresidente en la fundación, y generaciones siguientes han ocupado cargos de liderazgo. Actualmente, el enfoque de la explotación se centra en la producción de lana, que es el principal ingreso, a diferencia de otras partes de Argentina donde la carne es más valorada. Para la familia, la carne es considerada un subproducto, dependiente del clima y de varios factores anuales.
Los Apestegui han trabajado durante años con la genética del Merino Australiano, considerada histórica en el país, y que fue el primer rebaño de esta raza en Argentina. Esta elección les ha permitido mantener altos estándares de calidad, logrando una lana con un promedio de 18,5 micras y un rendimiento del 55%, superior al nivel promedio en el mercado internacional. Cada animal produce entre cuatro y cinco kilos de lana, lo que les permite obtener mejores precios a nivel global.
Si bien ya no funcionan como una cabaña oficial de mejora genética, la familia continúa enfocándose en la calidad de su producción, resistiendo los múltiples desafíos que presentan las condiciones adversas de la región. La perseverancia y el compromiso familiar son aspectos destacados en su labor diaria, al tiempo que contribuyen a la tradición ovina de la Patagonia.