Un niño rescató y crió a pichones de tero que fueron abandonados
León, un estudiante de Bariloche, rescató huevos de tero abandonados y los incubó en su hogar. A pesar de dificultades, logró criar a uno de los pichones con dedicación y ayuda de su comunidad educativa.

La historia de León, un niño de quinto grado de la escuela La Semilla en Bariloche, se ha convertido en un ejemplo de compromiso con la fauna local. A comienzos de la primavera, una pareja de teros abandonó su nido ubicado en la entrada del colegio, donde los estudiantes transitaban a diario. Ante la situación, la comunidad educativa decidió actuar y le propuso a León llevarse los tres huevos dejados atrás, ya que el niño contaba con una incubadora en su casa. Aunque inicialmente había dudas sobre la viabilidad de los huevos, León insistió en darles una oportunidad.
El padre de León, Lucas, recordaba cómo, tras unos días de incubación, su hijo se emocionó al anunciar que dos de los huevos estaban rompiendo el cascarón. La alegría familiar fue inmensa, ya que el proceso de incubación para los teros dura entre 27 y 30 días, un tiempo notablemente más largo que el de las gallinas. Una vez nacieron los dos pichones, la familia enfrentó el reto de alimentarlos correctamente, dado que los teros, a diferencia de otras aves, nacen caminando y deben aprender a picotear observando a sus padres.
Para ayudar en esta tarea, la familia se comunicó con Silvina Alzogaray, ingeniera agrónoma y experta en observación de aves. Sin embargo, la falta de experiencia por parte de León y sus padres hizo que la situación se complicara. Tomaron la decisión de alimentarlos directamente en el pico con lombrices y bichos bolita, pero además tuvieron que lidiar con el frío, ya que los pichones carecían de suficiente plumón para protegerse. Para mantener una temperatura adecuada, acondicionaron un cajón en su hogar, donde colocaron una lámpara y hojitas, además de cuidar que el pichón no quedara expuesto a las inclemencias del tiempo.
A pesar de sus esfuerzos, la familia enfrentó una trágica pérdida: uno de los pichones falleció al quinto día de vida. Sin embargo, el otro sobreviviente prospera y se muestra saludable gracias a los cuidados que recibe. León experimenta un gran crecimiento personal a través de esta experiencia, alimentando su conexión con la naturaleza y los animales.
La maestra de León, Malena Vetrano, expresó que este tipo de iniciativas resaltan la educación ambiental en la comunidad. La historia de León y su compromiso con los teros no solo es un noble esfuerzo personal, sino también un impacto positivo en su entorno educativo e inspirador para otros estudiantes. Con el apoyo de su familia y la participación del colegio, León continúa entusiasmado con la oportunidad de criar a este pichón de tero, destacando así la importancia del cuidado de la fauna local en la Patagonia.