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Un viticultor de 70 años transforma su chacra en una bodega en Río Negro

Ángel Moschini, un productor de 70 años en Ingeniero Huergo, ha cambiado el rumbo de su chacra frutal para establecer una bodega reconocida en la Patagonia. Con 12 hectáreas de viñedos y una producción anual de 30.000 litros de vino, su emprendimiento también incluye propuestas de turismo rural.

Por Mara Diaz4 min de lectura
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Un viticultor de 70 años transforma su chacra en una bodega en Río Negro

En Ingeniero Huergo, provincia de Río Negro, Ángel Moschini ha logrado transformar su chacra, dedicada inicialmente a la producción de frutas, en una bodega que se destaca por su producción de vino. A sus 70 años, Moschini, junto a su familia, ha desarrollado un proyecto vitivinícola que abarca unas 12 hectáreas de cultivo donde se cultivan variedades de uva como Malbec, Merlot y Sauvignon Blanc, logrando una producción de entre 25.000 y 30.000 litros de vino al año.

La historia de la familia Moschini en la región se remonta a 1925, cuando el abuelo de Ángel llegó a la zona. Con el tiempo, la familia ha forjado un vínculo fuerte con el Alto Valle, haciendo que el nombre de su bodega, Kilómetro 1120, resuene con su historia familiar y cultural. Este contexto emocional ha sido vital para el desarrollo de su emprendimiento, que ahora no solo se limita a la producción de vino, sino que también incorpora el turismo rural, permitiendo a los visitantes conocer el proceso de vinificación y disfrutar de la vida en la chacra.

La década de los 90 fue clave para Moschini, quien en 1995 adquirió una nueva parcela para expandir su producción. En el año 2000, plantó viñedos en esta segunda chacra, un cambio que ha generado una producción significativa: alrededor de 150.000 kilos de uvas por temporada, de los cuales el 25% se destina a la elaboración de vino.

Moschini ha demostrado que los desafíos pueden convertirse en oportunidades. Tras enfrentarse a crisis en la producción de peras y manzanas, optó por diversificar su actividad y reinventar su chacra. Así, la elaboración de vino no solo se convirtió en una fuente de ingresos, sino también en un proyecto familiar apreciado.

Los visitantes a la bodega tienen la posibilidad de disfrutar de una experiencia integral que combina la viticultura, la gastronomía y la hospitalidad. Esto ha contribuido a posicionar la bodega de Moschini no solo como un productor de vino de calidad en la región, sino también como un destino turístico atractivo, fomentando el desarrollo económico local.

La historia de Ángel Moschini es un ejemplo de dedicación y adaptación en el sector agropecuario de la Patagonia. Su capacidad para reinventarse y diversificar su negocio es un reflejo del potencial que posee la región para la producción vitivinícola, así como su capacidad de atraer turismo en un entorno natural privilegiado.

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