Una escuela de Chubut reforesta el bosque desde hace 20 años con sus alumnos
La Escuela N° 25 de Villa Futalaufquen, Chubut, ha estado reforestando el bosque por dos décadas, involucrando a sus 38 alumnos y sus familias en la producción de plantas nativas. Más de 32.000 árboles han sido plantados, contribuyendo a la recuperación de zonas afectadas por incendios.

La Escuela N° 25 "Delia Médici de Chayep" de Villa Futalaufquen, ubicada en el Parque Nacional Los Alerces, ha desarrollado un significativo proyecto ambiental durante 20 años, que involucra a sus alumnos en la reforestación de áreas devastadas por incendios. Durante la época de calor, los estudiantes, en lugar de jugar, suelen observar el trabajo de los brigadistas de fuego que combaten los incendios en los alrededores, lo que refleja el impacto emocional de estos desastres en la comunidad.
Desde su creación en 2006, tras un incendio que afectó 40 hectáreas cerca de la escuela, este proyecto ha crecido notablemente. Actualmente, 38 estudiantes abarcan distintos niveles educativos y participan activamente en la producción de plantas nativas. De este vivero, denominado Vivero Niños del Lago, han surgido más de 32.000 árboles que han sido plantados en el Parque Nacional y en otras ciudades cercanas como Esquel y Trevelin.
Luis “Pela” Almendra, el docente a cargo del proyecto, resalta la fuerte conexión que los alumnos tienen con la naturaleza y cómo cada año sufren la pérdida del bosque a causa de los incendios. Además, el trabajo no solo incluye actividades de reforestación, sino que también llevan concientización y educación ambiental a la comunidad, involucrando a las familias en la iniciativa.
El vivero produce más de 15 especies nativas del bosque andino patagónico, tales como radal, maqui, y alerce. Las semillas son cuidadas por los alumnos hasta que se convierten en plantines que luego serán sembrados en diferentes áreas. Este trabajo no solo contribuye a la recuperación de la flora local, sino que también desempeña un papel vital en la educación de los más jóvenes sobre la importancia del cuidado ambiental.
En el transcurso de los años, el proyecto ha sido reconocido en diversas ocasiones, incluyendo premios por su carácter solidario y su implicación educativa. La producción y venta de algunas de estas plantas ayuda a sostener el propio vivero, creando un ciclo de práctica sostenible.
A medida que los incendios continúan afectando a la región andina patagónica, la labor de esta escuela se torna cada vez más crucial. La idea de que los alumnos no solo participan en la recuperación del bosque, sino que también se convierten en defensores activos de su entorno, marca un importante precedente para la educación ambiental en la Patagonia. A futuro, se espera que más instituciones se inspiren en su modelo y contribuyan a la restauración de espacios naturales.