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Una familia de Buenos Aires continúa su legado productivo en La Matilde, Patagonia

La familia Peña, con raíces en Buenos Aires, ha mantenido un legado productivo en La Matilde, un establecimiento agrícola en el Valle de Viedma, a lo largo de tres generaciones. Desde su llegada, han transformado el paisaje y adaptado sus prácticas agrícolas para afrontar los retos climáticos de la región.

Por Auribel Zuarce3 min de lectura
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Una familia de Buenos Aires continúa su legado productivo en La Matilde, Patagonia

En La Matilde, un establecimiento de 4.500 hectáreas ubicado en el Valle de Viedma, Eduardo Peña trabaja con su familia integrando la cría y recría de bovinos con cultivos agrícolas bajo riego. Desde que su abuelo llegó de Buenos Aires, la familia ha enfrentado diversos desafíos, incluyendo años de sequía, y actualmente maneja un rodeo de 500 vacas cultivando además la mayor parte de su comida.

El establecimiento se sitúa a 60 kilómetros de Viedma, en el paraje Cubanea, donde Eduardo recuerda cómo su abuelo transformó el paisaje original, que carecía de árboles y se caracterizaba por el secano. Con el uso de una topadora vieja y bombas para llevar agua, estableció canales de riego que permitieron la creación de un entorno productivo. Eduardo comparte la esperanza de que su abuelo pudiera ver el desarrollo que ha alcanzado La Matilde.

El nombre del establecimiento rinde homenaje a Matilde Devoto, la propietaria de 1904. La región posee una rica historia agrícola; cerca se encuentra la colonia de Cubanea, fundada en 1862 por inmigrantes italianos, un testimonio del esfuerzo inmigratorio que ha moldeado el campo argentino. A pesar del paso del tiempo, aún se conservan vestigios de esa época, incluida la casa principal que la familia Peña está restaurando.

La historia familiar no solo es agrícola, ya que también tienen un notable lazo con la historia política argentina: la abuela de Eduardo era sobrina nieta de Juan Domingo Perón, un hecho que la familia valora y preserva a través de fotografías y documentos. Este fuerte vínculo con sus raíces ha mantenido la identidad familiar a lo largo de los años.

Eduardo tuvo la oportunidad de vivir su pasión por el campo desde pequeño. Tras formarse en otras áreas y trabajar en otras propiedades, decidió regresar al establecimiento familiar para continuar su legado. Así, la historia de La Matilde se entrelaza con la trayectoria de sus habitantes, que han adaptado sus prácticas productivas a las circunstancias ambientales cambiantes. La familia llegó a gestionar hasta 10.000 hectáreas en el pasado, pero actualmente se concentran en sus 4.500 hectáreas, donde han modificado su oferta agrícola a lo largo del tiempo.

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