Una mujer denuncia a sus nietos por narcotráfico y usurpación en Neuquén
En el barrio Mariano Moreno de Neuquén capital, Marisa Rossana denuncia a su propia familia por usurpar la casa de su madre y convertirla en un búnker de drogas. La situación genera preocupación en la comunidad y refleja problemas de narcotráfico y la falta de intervención de las autoridades.

Marisa Rossana, vecina del barrio Mariano Moreno en Neuquén, ha decidido alzar la voz tras una grave situación que afecta su familia y su comunidad. La vivienda de su madre, de 85 años, e incapaz de moverse tras haber sido operada de la cadera, ha sido usurpada por su propia hija y nietos, quienes han convertido la propiedad en un punto de venta de drogas. La mujer ha relatado que la condición del inmueble es deplorable, con el riesgo de que la madre termine sufriendo graves consecuencias por las actividades ilícitas que se realizan allí.
La angustia de Marisa es palpable; ha tenido que hacer frente no solo a la devastación de la casa, sino también a amenazas de muerte por parte de sus propios familiares. Aseguró que, a pesar de tener una enfermedad terminal y no temer por su propia vida, está preocupado por la seguridad de su nieto de 17 años, que no se involucra en el narcotráfico y estudia en la escuela. Según Marisa, la situación llegó a un punto crítico, con agresiones físicas de parte de su nieta y la amenaza constante de su nieto involucrado en el narcotráfico.
Días atrás, la mujer se presentó en el Ministerio Público Fiscal, donde se enteró de que la vivienda ya figuraba como un kiosco de drogas en denuncias anónimas desde hace cuatro años, pero ninguna medida se había tomado al respecto. Después de que las autoridades le sugirieran actuar sola, decidió intentar recuperar la propiedad, pero fue amenazada con un arma por su nieto. Esta situación pone de relieve no solo el problema del narcotráfico familiar, sino también la desprotección que sienten muchos vecinos frente a esta problemática.
El relato de Marisa resalta el ambiente de miedo que permea en el vecindario, donde los residentes reportan amenazas y robos por parte de grupos vinculados a las drogas. Se ha establecido una dinámica donde varias familias parecen compenetradas en el narcotráfico, creando un clima de imposibilidad de recuperar el control del barrio. Marisa cuestiona el papel de las autoridades, que, según ella, no han mostrado disposición a proteger a la comunidad de los delitos que afectan a la zona.
El drama que enfrenta esta mujer no es un caso aislado, sino un reflejo de la lucha contra el narcotráfico que se vive en muchos sectores urbanos en Argentina. La historia pone de manifiesto la urgente necesidad de que se tomen medidas efectivas para combatir este problema que afecta no solo a los involucrados directamente, sino también a toda una comunidad.