Una pareja neuquina alcanzó Alaska en un Mégane del 99 tras ocho años de viaje
Micaela Mazzulla y Mauricio Sepúlveda, una pareja de Neuquén, culminaron su travesía por América al llegar a Alaska tras casi ocho años viajando en un Renault Mégane modelo 1999. Su aventura, iniciada por una conversación entre recién casados, se convirtió en un estilo de vida donde la perseverancia y la creatividad fueron clave para sostener su viaje.

Micaela Mazzulla y Mauricio Sepúlveda son una pareja de jóvenes neuquinos que, tras ocho años de travesía, lograron alcanzar Alaska en su Renault Mégane modelo 1999. Este viaje, que comenzó con una sencilla conversación de pareja en La Plata, se transformó en una experiencia que les permitió recorrer la vasta geografía de América.
Su decisión de abandonar una vida estable fue impulsada por el deseo de conocer el mundo sin esperar un momento perfecto para hacerlo. Tras dos años de preparación en su localidad de Andacollo, decidieron partir en 2018, marcando el inicio de un recorrido que los llevaría a explorar diferentes culturas, países y territorios. En este tiempo, Micaela, de 34 años, y Mauricio, de 42, aprendieron a vivir en la carretera, adaptándose a los desafíos de trasladar sus vidas a un automóvil.
Durante su viaje, la pareja enfrentó distintas dificultades mecánicas con el Mégane, que incluyeron problemas en el sistema de suspensión, frenos y refrigeración. A pesar de estos contratiempos, la pareja destacó que su propósito era demostrar que no era necesario contar con un vehículo ideal para cumplir un sueño de esta magnitud.
Sostuvieron su aventura económica mediante la venta de artesanías y la creación de contenidos para redes sociales, utilizando su experiencia como fuente de inspiración y conexión con sus seguidores. La llegada a Alaska, el 5 de junio de 2026, no solo representó un destino en un mapa, sino un testimonio de que la perseverancia y la determinación pueden llevar a las personas mucho más lejos de lo que inicialmente imaginan.
El momento de alcanzar su objetivo fue emotivo y silencioso. Tras estacionar el vehículo, se abrazaron y reflexionaron sobre los años de esfuerzo que habían invertido en su aventura. Las expectativas y la realidad sobre este hito fueron diferentes, pero valieron la pena. Su travesía no solo refleja un deseo de viajar, sino también una búsqueda de autodescubrimiento y conexión con el mundo.
Asimismo, el Mégane, como símbolo de su esfuerzo y dedicación, se convirtió en un viaje viviente, demostrando que es posible cumplir sueños sin necesidad de grandes recursos. Esto ha llevado a Micaela y Mauricio a inspirar a otros a lanzarse a la aventura de vivir viajando, a pesar de las dificultades.