Una venezolana viajó cuatro años por Sudamérica y se estableció en la Patagonia
Maricé Ramírez, una joven venezolana, viajó por Sudamérica durante cuatro años, realizando voluntariados que le permitieron sostener su travesía. A los 30 años, encontró su lugar en la Patagonia, tras haber recorrido 8 países y acumulado valiosas experiencias.

Maricé Ramírez es una joven de 30 años que dejó Venezuela con 2.500 dólares y un gran deseo de conocer Sudamérica de una manera alternativa. Desde su ciudad natal, Valencia, decidió emprender un viaje de cuatro años que la llevó por Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, logrando así cumplir un sueño que había alimentado desde su adolescencia.
Originaria de una familia que viajaba intermitentemente dentro de Venezuela debido a la crisis económica, Maricé optó por explorar su país antes de asumir el reto de cruzar fronteras. La construcción de su deseo de viajar se facilitó en parte por una relación que terminó cuando su expareja se fue a Chile. Si bien estaba desanimada, decidió terminar sus estudios de Contaduría, consciente de las dificultades que le esperaba la educación fuera de su país. Su descubrimiento de un video inspirador de dos viajeros argentinos fue el catalizador que la impulsó a buscar su propia aventura.
Durante su preparación para el viaje, que se vio atrasada por los problemas económicos en Venezuela y la pandemia, Maricé no solo ahorró fondos, sino que también adquirió el equipo necesario para la travesía. Su primera parada fue en Colombia, donde su madre la acompañó durante las dos semanas iniciales antes de que continuara su camino sola.
A medida que avanzaba en su viaje, Maricé descubrió que los voluntariados eran una opción eficaz para sostener su estadía en diversos destinos sin agotar sus ahorros. A través de estos intercambios, que suman un total de 30, trabajó en distintas actividades, desde recepción en hostales hasta limpieza y creación de contenido. Los voluntariados le permitieron conocer profundamente cada lugar al que llegaba, dedicando entre cuatro y seis horas diarias a las tareas pactadas.
La experiencia de Maricé es un ejemplo de resiliencia y adaptación que, además, ha tenido un impacto positivo en la percepción del viaje y el voluntariado en la región. Con su mochila y su espíritu aventurero, ha dejado una huella no solo en los lugares visitados, sino también en su propia vida. Finalmente, después de años de recorrer Sudamérica, se estableció en la Patagonia, donde encontró su nuevo hogar y sentido de pertenencia, reflejando así una búsqueda de identidad y conexión con la naturaleza que caracteriza a la región.
Maricé ahora continúa explorando el mundo a su propio ritmo, compartiendo sus experiencias e inspirando a otros a aventurarse y descubrir nuevas perspectivas sobre el viaje y la vida misma.