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Vinos blancos argentinos: más allá del Chardonnay y Torrontés hay diversidad

El vino blanco argentino ha evolucionado notablemente, destacándose variedades menos conocidas como el Torrontés. Esta diversidad se debe a mejoras en viticultura y cambios en los gustos de los consumidores.

Por Fabricio Portelli5 min de lectura
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Vinos blancos argentinos: más allá del Chardonnay y Torrontés hay diversidad

Históricamente, el vino argentino ha estado dominado por variedades tintas, pero en los últimos años, la producción de vinos blancos ha ganado protagonismo. Esta transformación se ha visto impulsada por un cambio en los hábitos de consumo y el derribo de mitos sobre la calidad de estos vinos, que hasta hace poco eran considerados inferiores a sus equivalentes tintos.

El Chardonnay, aclamado a nivel mundial, se ha convertido en el rey de los blancos argentinos, destacándose en la escena vinícola reciente. A finales de los años 90, las elaboraciones eran imitaciones de estilos norteamericanos, pero la tendencia actual hibrida influencias de la prestigiosa Borgoña francesa. Los enólogos argentinos han aprendido a cultivar Chardonnay en parcelas seleccionadas, donde la composición del suelo, rica en rocas y carbonato de calcio, contribuye a una maduración óptima de la uva, resultando en vinos de gran personalidad y longevidad.

Uno de los factores clave en la mejora de la calidad de los vinos blancos ha sido la adaptación de las técnicas de riego y fermentación. Las barricas usadas se utilizan cuidadosamente para evitar que el roble domine el sabor, y también se experimenta con fermentación en piletas de cemento, lo que permite que los vinos expresen su verdadera esencia, transformando colores que parecen preocupantes en vinos cristalinos tras el proceso de decantación.

Junto al Chardonnay, el Torrontés emerge como otra variedad que ha logrado reconocimiento. Originario de una mezcla entre la uva Criolla y la Moscatel de Alejandría, este cepaje se ha convertido en un símbolo del vino argentino. Existen tres variaciones de Torrontés, de las cuales el Riojano es el más prestigioso, cultivado especialmente en los Valles Calchaquíes en Salta, que ha modernizado su elaboración sin perder su carácter distintivo. Esta variedad ahora se caracteriza por su frescura, balanceada por una acidez brillante.

La producción de estos vinos se está expandiendo a nuevas regiones, lo que puede significar un futuro prometedor para la diversidad en el vino blanco argentino. Este panorama no solo contribuye a enriquecer la oferta del mercado local, sino que también proyecta a Argentina como un competidor en el ámbito internacional del vino, donde la calidad y la variedad son cada vez más valoradas.

Con el crecimiento de la conciencia sobre los vinos blancos y su capacidad para emparejarse con una amplia gama de comidas, es posible que en un futuro cercano se vea un cambio aún más significativo en las preferencias de los consumidores en el país.

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